Una sala de cine en Madrid. Seis pases encadenados, sin pausa. Todo el mundo ve lo mismo, a la vez. Y uno de los pases no tiene título todavía.
No hay segunda sesión. Cuando la sala se llena, se cierra la lista.
Una sala, una sesión, seis pases encadenados. Sin salas paralelas, sin elegir itinerario, sin perderse nada.
Sin streaming, sin grabación, sin publicarlo después. Lo ven los que están.
Titularidad, dirección de grupo, gerencia y jefatura de estudios. Ni un comercial en la butaca de al lado.
Hora y tres cuartos de cóctel con comida en el hall. El único rato del día en que se habla.
Pantalla de gran formato, sonido de sala comercial y butaca reclinable. Nadie mira el móvil, nadie se levanta.
No está en el programa. No lo verá la prensa. No lo verán antes las marcas colaboradoras.
Sin repetición y sin copia. Cuando termina, termina.
Encadenados, sin pausa. Cada pase abre con un vídeo rodado para verse en pantalla de cine —solo se proyectan ese día, no se publican— y sigue con el presentador desgranando lo que hay dentro. Despliegue cualquier pase para ver de qué se compone.
No hay taquilla. Cada solicitud se revisa una a una y te respondemos por correo. Si hay plaza, recibirás tu entrada con un código QR a tu nombre. Las plazas son limitadas y cuando la sala se llena se abre lista de espera.
Al cerrar el sexto pase corren los créditos. Las marcas colaboradoras salen en la cartela de los seis vídeos y tienen su espacio en el hall. Dentro de la sala solo está la pantalla.